Los niños perdidos

31/10/2008

 RAFAEL VEGA

 

Mensajeros del Sur
Escenas de 'Mensajeros de Sur', con Pau Gasol, 'Másik Bolygó', arriba a la derecha, y '33 yaoum', con Beirut arrasado por las bombas israelíes.

Sobrevuela en la sala una inquietante vergüenza tras la proyección de 'Másik Boligó' ('Otro planeta'), la excepcional película de Ferenc Moldovanyi que sin un plano de menos, ni una narración de más, nos guía por la vida cotidiana e infernal de varios niños y niñas esparcidos por el mundo: una cigarrera que de noche aguanta el frío y la soledad de la calle mientras es tratada como una esclava en su casa, un limpiabotas, un niño que fabrica ladrillos a destajo, otro que fue expulsado por su padrastro, tras la muerte de su madre, bajo la acusación de brujería, una niña introducida en la prostitución tras una violación a los ocho años, otras niñas condenadas a buscar plástico y aluminio en los vertederos para conseguir el dólar necesario para comer, niños soldado…   Las historias fluyen por la pantalla como una pesadilla. Esto que vemos no es un planeta imaginario ideado en la mente enfermiza de un monstruo. Es el nuestro, en nuestros días. Y sólo una magistral y contenida realización evita que el espectador se dé la vuelta como un guante y se indigeste con tanto sobrecogimiento antes de que su interior despierte y se conmueva hacia la reflexión. Moldovanyi tiene la capacidad de rodar una sublime película con el horror como materia prima y eleva su documental al ensayo cuando incluye un ritual Tarahumara para dar la bienvenida a un bebé, para quien el chamán deseará que «el Creador le conceda muchos días buenos».

 

Por su parte, Mai Marsi ha presentado su película '33 días' una valiente crónica del mes sufrido en Beirut durante el verano del 2006, cuando el país sufrió los ataques del Ejército de Israel. Mai Marsi se concentra en la historia de dos periodistas, un actor y un diseñador gráfico que vuelcan sus esfuerzos en ayudar a la población aterrorizada y en informar. La película consigue transmitir la incredulidad de una situación incomprensible para una ciudadanía que intenta vivir en paz aunque muere a diario o contempla cómo son destruidas sus casas por los bombardeos. Sin embargo, mientras avanza su historia, descubrimos el origen de tanta sangre fría y tanto coraje, que no es otro que el recuerdo de otras guerras vividas durante sus respectivas infancias; una maldición que los persigue y cuya solución sugiere Arturo Turón con su película 'Voces de esperanza', de la que nos ha mostrado un adelanto en esta edición de la Seminci. En ella varias mujeres palestinas, modernas y preparadas, ofrecen su visión del conflicto que subyuga a su pueblo - entre otras muchas cosas-  y que pudiera arreglarse si las negociaciones fuesen un asunto dirigido por mujeres. Habrá que esperar a verla completa porque supo a poco el aperitivo ofrecido por Turón. 

'La frontera infinita', del mexicano Juan Manuel Sepúlveda, intenta mostrar la sórdida situación que viven los emigrantes detenidos en su país, de paso hacia los Estados Unidos. Aunque las vallas kilométricas, las detenciones y las deportaciones no son capaces de detener el imparable avance del hambre. A pesar de los sobrecogedores testimonios ofrecidos, y la necesidad de su discurso, la película titubea en la exposición y no parece encontrar el rumbo hasta bien avanzado su metraje.
Fuera de concurso, Roberto Lozano ha ofrecido a los ojos de los semanistas su documental 'Mensajero de sur', una amable y correcta producción para difundir el buen trabajo de Unicef en Angola, donde Pau Gasol acudió como embajador de Unicef España.