Esperpento televisivo
De cómo la televisión puede convertir la desgracia en espectáculo trata 'Peepli (Live)', primer largometraje de Anusha Rizvi. La película arranca con los agricultores sin fondos para devolver los préstamos y el inminente embargo de sus tierras. La única solución atisbada por los cabezas de familia durante dos lustros ha sido suicidarse para que sus hijos reciban una indemnización del Gobierno. Rizvi retuerce esta realidad y la convierte en esperpento con la mediación de las televisiones. Ella misma trabajó cuatro años en una productora así que su crítica es certera.
Natha es uno de esos agricultores al que un periodista de un periódico local lanza inocentemente al estrellato tras descubrir su intención de suicidarse. Ahí se acaba la inocencia. Rizvi sitúa su plató y el de las televisiones frente a la casa del afectado, que apenas tiene media docena de frases en toda la cinta.
Periodistas y cámaras esperan el momento del desenlace y los políticos, en escala cada vez más alta, van viéndose salpicados por la situación. Los medios atienden a la audiencia, para la que tienen que ir inventándose crónicas y testimonios pues en la casa de Natha nada ocurre. Ministros y líderes locales, en víspera electoral, utilizan la vida del agricultor como arma arrojadiza. La película logra uno de sus momentos más hilarantes cuando se plantean soluciones: encajar al afectado en alguno de las decenas de programas que tiene el subcontinente para paliar la pobreza, todos ellos tan infructuosos como propagandísticos, y en vista de que ninguno se adecua a su perfil, crear uno nuevo. Mientras los políticos maquinan, el dinero no llega, los parientes se dividen entre la pertinencia o no del suicidio y los regalos -una televisión y una bomba de agua- son ofrendas exóticas e inútiles en una casa sin luz y sin pozo. Resultan tan cómicos como aquella moto acuática que Fernando León aparcó en 'Barrio'.
La cámara de Rizvi intercala entre el circo mediático y la desvergüenza política escenas de la vida rural india, la postal folclórica y documental que contextualiza esa microhistoria en un país inmenso.
El periodista local que destapó el asunto mantiene una discusión sobre el oficio con una guapa reportera venida de Delhi. «¿Qué tiene de particular Natha, por qué le prestamos tanta atención?». Ella se desgañita en explicaciones bajo las que late una única razón: Hemos creado este espectáculo y hay que terminarlo.
Gran parodia con trasfondo tristísimo. La muerte como única manera de sostener la vida de una familia. Rizvi demuestra la vitalidad de una cinematografía, famosa por Bollywood, pero que más allá de los culebrones musicales depara muchas sorpresas.
Oda al primer plano
Sorprendente resulta que dos austriacos se sumerjan en el cine negro americano para contar una historia recurrente. Eso sí, el esfuerzo estilístico es notable, empezando por el uso del blanco y negro y terminando con empacho de primeros planos. 'Sur' es la ópera prima de Joachim Krenn y Gerhard Fillei, que obligan al espectador a coser los retazos de presente del forajido protagonista con las pistas del pasado que van dejando caer.
La violencia rodea a Bruce McGray, un hombre con cara inocente y pistola preparada. Burla a la policía en Los Ángeles y lo logra también en Nueva York durante dos trepidantes días. El poco tiempo que la huida le deja libre es el paréntesis por el que se cuela su sueño de vivir en el Sur, en cualquier sitio de Sudamérica, con una mujer que fue su amor de juventud, y su pesadilla, un libro en el que aparecen imágenes y cartas que no logra situar en su memoria.
La exposición de su delito se intercala con la tortura de su amnesia. Ahí logran los directores sus mejores réditos en planos y fotografía. El esfuerzo del montaje y la estética no logra justificar un guión que no añade nada a un género con señeras obras maestras.






