El arte de ser rebelde

30/10/2010
Rafa Vega

La rabiosa fuerza de la rimasJosua Atesh Litle encendió el patio de butacas durante la proyección de su película 'La rabiosa fuerza de las rimas', un monumental trabajo de exploración por medio mundo para hallar los elementos comunes en la efervescencia y hegemonía del hip hop. Músicos y raperos, poetas, bailarines y escritores de grafitis forman parte de una ecuménica familia mundial sometida, aparentemente, a los dominios de una moda incomprensible para las generaciones del pop o del rock.

Sin embargo, la película profundiza lo suficiente en el arte del hip hop como para que el espectador comprenda que se trata de un movimiento artístico con mayúsculas. Es decir, un movimiento que no está sustentado por las dictaduras de un mercado, sino que late gracias a la necesidad urgente de comunicarse por parte de una generación herida. Las letras del hip hop se nos muestran como manifiestos cargados de razón y de sentido; discursos comprometidos con una realidad social distinta en cada entorno pero coincidente en su impronta de rebeldía fundamentada. Un rapero del Bronx y uno del Berlín oriental no hablarán de los mismos temas pero coincidirán en la afirmación de unos principios positivos, en la rebelión contra un sistema que se empeña en mantenerlos al margen.

Josua Atesh Litle contribuye a deshacer prejuicios presentando a estos jóvenes artistas como partícipes activos del arte y la literatura contemporáneos. Y su producción es impecable al respecto.  
Jóvenes judíos y palestinos, por ejemplo, cantan sus temas de hip hop en un mismo grupo sin renunciar a sus señas de identidad y a sus ideas, resueltos a demostrar que la paz no es incompatible con la disensión. Pero la película de Atesh Litle va más allá y demuestra que tras su forma de vestir y de embadurnar las paredes del paisaje urbano, tras los ritmos machacones y los gestos desafiantes hay poesía, una literatura tan fuerte y tan eficaz como la nacida, por ejemplo, entre la rebeldía  romántica de la Europa del siglo XIX.

Igual de eficaz ha sido la película de Enrique Sánchez Lansch, que regresa con una deliciosa historia de aprendizaje y motivación . Su cámara ha seguido los progresos de varios estudiantes de piano, niños de 10 a 13 años, durante cuatro cursos. La adolescencia invadirá sus vidas y agitará las motivaciones que acaso tuvieran mara continuar alimentando la vocación por un instrumento exigente. A esta peculiar complicación, Sánchez Lansch une la experiencia vivida durante esos cuatro años por todos ellos, que tendrán el privilegio de asistir a talleres prácticos de interpretación con grandes solistas comprometidos en aconsejarlos y seguir sus progresos. La cámara de Lansch consigue captar el fulgor en la mirada de estos niños y niñas cuando descubren un progreso que acaso les estuvo vetado durante meses de prácticas gracias al consejo de manos sabias. Y logra, de igual modo, captar la unión de influencia y complicidad que se crea entre maestro y discípulo en una amable película rodada con un delicado y refrescante sentido del humor.

Como ya ocurriera con 'Esto es ritmo', el realizador alemán vuelve a encontrar en la música uno de los elementos fundamentales para sacar lo mejor del ser humano. Aunque, en ocasiones, esta buena disposición resulta difícil. Después de ver la película de Helena Taberna, 'Nagore', una crónica del asesinato de Nagore Laffage, el juicio al residente de psiquiatría que confesó el crimen y la situación actual de la familia, el patio de butacas no puede sino mostrar indignación por el crimen abominable que Helena Taberna se propone reconstruir con el material existente: las crónicas de los informativos del momento, las imágenes de las cámaras de seguridad, el juicio y la reconstrucción judicial en el domicilio del asesino. Todas estas grabaciones son alternadas con los testimonios de la familia y los amigos de Nagore entre los que destaca de forma contundente Asun Casasola, madre de la víctima y dueña de un coraje y una serenidad ejemplares. Sin embargo Helena Taberna opta por centrar su atención al hecho criminal y apenas atiende a la reacción social contra la violencia machista que pudo despertar aquel deplorable crimen.

Brigitte Bermann sorprendió con 'Hugh Hefner: playboy, activista y rebelde' presentando al magnate del imperio Play Boy como un intelectual pionero de los derechos civiles difícil de creer, incluso después de ver este entretenido panegírico.