La perla de la corona

22/10/2011
Fernando Lara

Hace unos meses, el pasado junio, hubo una interesante exposición de arte conceptual en las Atarazanas de Valencia, que demostraba cómo del error habían nacido una serie de obras o cómo otras se basaban en lo accidental para ser creadas. No diré yo que Tiempo de Historia surgiera del error, pero sí de una cierta casualidad: fue en la 29 edición de la Semana, en 1984, la primera que yo dirigía, con un tiempo de preparación de menos de seis meses. Al darme cuenta de que habíamos ido seleccionando diversos documentales de carácter histórico, surgió la idea de agruparlos en una sección que llevase el nombre de la revista especializada, ya entonces desaparecida, en la que yo había sido redactor jefe, bajo la dirección de Eduardo Haro Tecglen, y que pertenecía al grupo 'Triunfo'. En ese primer año, que incluía tan solo nueve títulos, destacó especialmente 'The Memory of the Camps', que recogía el estremecedor material que Alfred Hitchcock había filmado en los campos de concentración nazis y que acababa de recuperar el británico Museum of the War.

Ahí nació Tiempo de Historia, la primera que un Festival 'generalista' como Valladolid dedicaba de forma específica al documental. Su consolidación llegó muy pronto, en su segunda edición, con el estreno en España de 'Shoah', el monumental trabajo que Claude Lanzmann dedicara al recuerdo precisamente de los campos de exterminio y que Fernando Herrero calificase como «el mejor documental que se haya proyectado en la Semana». Al año siguiente, la sección -que progresivamente iba ampliando su tamaño y su visión del género, no sólo histórico- ya era competitiva y pronto, en 1988, entregaba su Premio a un jovencísimo y desconocido Michael Winterbottom por su doble retrato de Ingmar Bergman y de su filmografía.

Creo que lo más importante que hicimos entonces fue llevar a cabo una cierta 'pedagogía' del documental. No nos desanimamos porque el público que acudía a Tiempo de Historia fuera menor que en las secciones de ficción, incluso desoímos varias voces que nos impulsaban a prescindir de ella con el argumento de que era un género 'televisivo' que nunca llegaría de manera habitual a las salas. Mantuvimos todo lo contrario, que un buen documental podía ser tan apasionante como una película de ficción, que precisamente porque no se veían en salas comerciales, la Semana significaba una ocasión excepcional de conocer aquellas obras tan valiosas. Labor de paciente convencimiento en la que nos acompañaron diversos medios de comunicación, y muy especialmente El Norte de Castilla, hasta que entre todos conseguimos que Valladolid fuese emblema del buen documental. El tiempo nos ha dado la razón: hoy es moneda común que los documentales se estrenen en los cines y considero, sin falsa modestia, que Tiempo de Historia ha tenido bastante que ver con ello, incluso en que otros certámenes siguieran este mismo modelo de programación.

Que también alcanzó un hito destacado al dar a conocer, y premiar en 1996, el primer largometraje documental que se realizaba en el cine español después de muchos años de sequía: 'Asaltar los cielos', de Javier Rioyo y José Luis López-Linares, sobre el asesinato de León Trotsky, que posteriormente alcanzó un importante éxito en salas. Se abría así la puerta de par en par, y se galardonaba, a los directores de nuestro país que se decidieron a expresarse en este género, como Jaime Camino ('Los niños de Rusia'), Joaquim Jordà ('20 años no es nada'), Alberto Porlan ('Las cajas españolas'), Juan Millares ('Cuadernos de contabilidad de Manuel Millares') o Antoni P.Canet ('Las alas de la vida'). E igualmente a los latinoamericanos, como el chileno Patricio Guzmán ('La Cruz del Sur') o los argentinos David Blaustein ('Botín de guerra') y Pino Solanas ('La dignidad de los nadies'), porque Tiempo de Historia nunca ha conocido fronteras ni ha limitado temáticas o estilos en su visión global del cine.

Por eso, los únicos cineastas que han obtenido en dos ocasiones el Primer Premio de la Sección son tan radicalmente diferentes como el francés Nicolas Philibert, con 'El país de los sordos' y 'Ser y tener', y la holandesa Heddy Honigmann, con 'Metal y melancolía' y 'Crazy'. Mientras que obras clave del género con la potencia de 'S21, la máquina de muerte de los jemeres rojos', de Rithy Panh, sobre el régimen de terror de Pol Pot, o 'La arquitectura de la muerte', de Peter Cohen, ensayo sobre la estética nazi; e incursiones en el documental de autores de la notoriedad en la ficción de Nikita Mihalkov ('Anna: 6-18') o Jan Troell ('Su gélido sueño'), lograron también un gran protagonismo en el Festival.
Siempre he dicho que la mayor virtud de la Semana ha sido saber evolucionar al ritmo de los tiempos, tener la capacidad de 'olfatear' los mejores vientos que corrían en cada instante dentro del campo cinematográfico. Tiempo de Historia ha sido y es, así, testigo y partícipe de la evolución del documental, de su peso fílmico cada vez mayor, de su carácter testimonial y revelador del mundo que nos rodea. El documental está hoy más vivo que nunca y Tiempo de Historia supo adelantarse a ello. Hasta convertirse en 'la perla de la corona' de la programación de la Semana de Cine de Valladolid, como sin duda volverá a demostrar este año.