Contra los malos espÃritus
En el centro de Londres, un aborigen australiano toma posesión de las tierras de la Reina de Inglaterra en nombre de su pueblo. Su solemnidad impostada impregna de jocosidad un acto tan arbitrario y gratuito como el que debió protagonizar James Cook en nombre de la Corona. Es el modo que tienen los miembros de la numerosa 'Black Arm Band' de devolvérsela al imperio británico después de siglos de ocupación, usurpación y saqueo. 'Murundak Canciones para la libertad', de Natasha Gadd y Rhys Graham, cuenta la historia de este grupo formado por cantantes y compositores indígenas que han conseguido, gracias a la música, hallar el modo adecuado de compartir el sentimiento de un pueblo sometido y maltratado por los blancos. La historia negra de Australia, como ellos la llaman, guarda rincones vergonzantes hasta tal punto que el primer ministro laborista, Kevin Rudd, ha llegado a pedir oficialmente perdón a los aborígenes por el trato que la hegemonía blanca les ha dispensado.
Cualquiera podría suponer que la disculpa afecta solo a una consideración principalmente histórica. Pero no es así. Como muy bien se encargan de explicar los miembros de la banda, ellos mismos han sido víctimas de la expropiación, la semi esclavitud, la marginación crónica y el desarraigo fruto de políticas segregacionistas. Según sus propios testimonios, era habitual hace unos años separar a los niños aborígenes de sus familias con el fin de romper la cadena de la cultura, la tradición y del idioma. Familias y sueños rotos, llenos de cicatrices físicas y emocionales por la vejación y la lucha, intentan reconstrur sus vidas y pasar página sin caer en el olvido.
A tenor de esta tarea crece la fama de la 'Black Arm Band', un grupo musical de aborígenes que expone con sus canciones las profundas heridas de su pueblo. Sus letras y su música ofrecen una soberbia colección de honestidad. Los mensajes y las letras nacen de la imperiosa necesidad que tienen todos los integrantes de compartir sus propias experiencias. Quizás sea esta curiosa combinación de verdad y sinceridad la que consigue conectar con el público que asiste a sus conciertos. En cualquier caso la película de Gadd y Graham muestra la catarsis que brota de cada uno de estos personajes heridos y esperanzados.
Documental amable
El periodista y corresponsal Mauricio Vicent Malet, ha presentado en la sección Tiempo de Historia su amable documental 'Baracoa 500 años después' dedicado a la ciudad cristiana más antigua del continente americano y que ha cumplido este año su quinto centenario. Vicent ha seguido las andanzas cotidianas de diversos habitantes de la ciudad para formar un mosaico que defina su carácter colectivo. Así vemos al entrenador voluntarioso del equipo de baloncesto femenino, que completa su subsistencia con el trueque, o el historiador de la villa, que divulga el pasado precolombino del pueblo con su museo ambulante.
Baracoa parece una ciudad detenida en diversas estacionas temporales, ya se concentre la cámara en la recolección del cacao, en la extracción de aceite de coco o en los costosos preparativos de la obligada fiesta que toda niña protagoniza al cumplir sus 15 años; una paradójica combinación de boato y escasez que el caracter cubano envuelve con su alegría perenne. Entre los avisos radiofónicos se filtra la ternura de esta película.






