La crisis, en chancletas
Salir del cine contento es una excepción en la Seminci. Y esa es una de las virtudes de 'Terrados', ópera prima de Damian Sabini, aunque no se trate de una comedia ni regale soluciones a lo que la película plantea porque no las hay.
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Hace diez años Fernando León de Aranoa, que recientemente conferenciaba por aquí, estrenó 'Los lunes al sol'. El paro dentro del marco de la reconversión industrial de Vigo determinaba las vidas de Bardem, Tosar y sus familias. Una década después, Sabini presenta a una generación de licenciados licenciosos dejándose mecer al son del subsidio de desempleo. La condena de aquellos es apenas una circunstancia lúdica asumible para estos. Los treintañeros de la crisis española han llegado al mercado laboral «de la mano de sus padres» y sobre su protectora red juegan a la emancipación. De esto habla 'Terrados', que comienza con una panorámica de los tejados de una gran ciudad y las declaraciones en 'off' de varios ministros sobre las expectativas económicas del país, con un dato repitiéndose, el 20% de la población española está en paro.
Leo y sus amigos tienen como única ocupación buscar un terrado, terrazas comunales, en el que pasar el día. Han perdido el trabajo y no tienen prisa por encontrar otro. Viven indolentes jornadas de sol, conversación, bebida y música, más cerca de las nubes que del suelo.
Ese dejarse ir es contestado por algunos personajes, la pareja de Leo y su antiguo jefe. El reproche es que van a remolque, que no toman ninguna decisión, que no crean nada. Les regalaron los estudios y la vida, no han tenido que pelear y ahora no reaccionan. Sabini que se formó en Los Ángeles y Boston, como músico, amaneció director autodidata en Nueva York, poco después de terminar sus estudios, y creó su propia productora. Esta película es fruto de su idea y del trabajo de sus amigos. Pequeño presupuesto para una historia bien contada que se la dedica «a los que en algún momento no han sabido quién son», como quien expone su propio recorrido.






