Edipo, más afortunado que Don Quijote

29/10/2011
VICTORIA M. NIÑO
Fue una jornada dedicada a la adolescencia. Tanto 'El buen hijo' como 'La isla de Quijote' tienen de protagonistas a chicos que, como dice otra jovencita en la segunda, «solo quieren huir».
La directora finlandesa Zaida Bergroth reescribe el complejo de Edipo en 'El buen hijo', su segundo largometraje. Una actriz de mediana edad, acosada por la prensa rosa y las malas críticas, se va con sus dos hijos a su casa de campo. La visita de un grupo de amigos y la prolongada estancia de uno de ellos desata la furia de Ilmari, primogénito de la anfitriona. Incapaz de soportar al novio de su madre, la violencia de la que ha ido dejando rastro explota en trágico final.
De exquisita factura, cuidada ambientación, excelente interpretación, Bergroth avanza desde el bodegón social hasta el retrato psicológico de los personajes. Especialmente conmovedor resulta el hijo pequeño y su mirada a la naturaleza a través del macro de su cámara y la voz susurrante que narra un infinito documental. Pero el camino es conocido y predecible. La única clave por desvelar es la de la última escena, la madre -ciega por su hijo- acaba llamando a la policía. Bergrot deja abierta la posibilidad ¿a quién denunciará,a su hijo o a su amante?
Peor suerte corre Don Quijote como mito literario revisitado desde el siglo XXI. Didier Volckaert debuta en el largometraje con 'La isla de Quijote'. San, un adolescente huérfano de madre, se muda cada dos años por el trabajo de su padre. Acaba de llegar a su último instituto, no tiene amigos y vive en continua huida. Las clases las pasa en los servicios. Desde allí será testigo involuntario de una violación. Mientras en la vida real, todos le buscan, el corre unas aventuras imaginarias con su padre, un Don Quijote que adoptará forma de pirata, motero, mariachi o torero. En algún momento el padre llega a tener el libro de Cervantes en las manos, pero la película no trasluce una lectura atenta por parte del director. Se queda en el mito quijotesco de la irrealidad, en su vida imaginaria. La penetración en el texto llega malamente a un molino de energía eólica y una cota de malla futurista. El viaje de San tiene poco de quijotesco y en cuanto a la trama delictiva, está destripada desde su inicio.
Por su parte, Rúnar Rúnarsson, cuya película se proyecta de nuevo hoy, sí propone una travesía profunda y larga, esta vez por la vejez. 'Volcán' es el título que representará a Islandia en los Oscar. El metafórico título viene de las erupciones en algunas islas de Islandia que determinaron la emigración de buena parte de la población. Es el caso de la familia protagonista, cuyo progenitor deja su oficio de pescador por la portería de un instituto. Áspero y gruñón, sus hijos no entienden por qué su madre sigue con él. La repentina parálisis de ella saca lo mejor de él. El otrora inútil doméstico aprende a ser la mejor enfermera para su esposa. Rúnarsson transforma la convalecencia en lección de amor y el desenlace en su mejor prueba. Dura, sin anestesia sentimental alguna, desnuda, resulta sorprendente que un director relativamente joven (1977) se haya atrevido con la vejez y sus inconvenientes.