Javier Angulo, director del Festival: «La Seminci ya era una joya que solo necesitaba que se le sacara brillo»
30/10/2011
ANGÉLICA TANARRO
Javier Angulo acaba de terminar la que seguramente ha sido la edición de Seminci más redonda de cuantas se han celebrado bajo su mando. Y se le ve satisfecho pero contenido. Con la confianza de «haber devuelto al Festival el brillo que tenía».
«Estoy muy contento. Los comentarios que nos llegan es que ha habido un alto nivel y que ha sido una edición muy completa. Ha habido unos cuantos dramas potentes, unas historias humanas muy cálidas, que han llegado al público y comedias no facilonas. Estoy satisfecho porque era una edición que se presentaba muy difícil por la situación económica. Y tengo que reconocer humildemente que cuando un jurado tienen donde elegir y tiene difícil el veredicto es que hemos hecho las cosas bien».
-¿El problema sigue siendo el cine español?
-El cine español es una espina que tengo clavada pero no hay manera. Los productores esperan a Cannes, Venecia y San Sebastián y solo cuando ven que se han quedado fuera reaccionan, pero para entonces nosotros ya hemos cerrado. Además yo en eso soy orgulloso si seis meses antes hemos solicitado una película y no han apostado por nosotros, no la metemos a última hora.
-¿Puede haber una solución?
-Hay que ir paso a paso, los productores se tienen que dar cuenta de que les merece la pena venir. Pero estoy ocurriendo algo raro en el cine español, no sé si los productores tienen miedo a que sus películas compitan, porque hay películas que podían haberse estrenado en festivales pero no han ido a ninguno.
-El nivel de los consagrados ha sido excelente, pero no tanto el de los directores noveles.
-El Festival siempre ha apostado por gente que comienza. Y se han descubierto directores muy buenos. Quizá este año no ha habido tanta sorpresa. Habrá que exigir un poco más a los debutantes. En cuanto a la que ha ganado el premio al director novel, estoy muy contento. Paula Ortiz es una directora a la que habrá que seguir.
-Todas las instituciones manifiestan su apoyo al Festival. ¿No teme que las buenas palabras se conviertan en recortes?
-Les tomo la palabra a todas las instituciones. En esto sé que tengo la palabra del alcalde y sé que se van a celebrar conversaciones con la Junta para que se aumente la aportación cuando en otras actividades está habiendo un recorte del 15%.
-También la ministra de Cultura expresó su apoyo al Festival. ¿Teme que un cambio en el Ministerio suponga una marcha atrás?
-La relación con el Ministerio de Cultura es muy buena y aunque los cambios siempre producen incertidumbre, lo cierto es que en época de Aznar la política en torno al Festival no fue muy diferente. Creo que en Cultura se valora la proyección exterior del certamen que está muy consolidada. En realidad creo que mi labor ha sido reflotarlo sin que perdiera su identidad. Y pasado este tiempo me reafirmo en lo que pensaba cuando accedí a la dirección: que este festival era una joya a la que solo había que sacar brillo. Y haber conseguido más de 55.000 espectadores con la que está cayendo es un logro.
-¿No está harto de tener que hablar todo el tiempo de dinero?
-Sí. Ya he dicho que he pasado mucho tiempo buscando financiación. Pero ahí es donde se ha demostrado que tengo un equipo muy profesional y que funciona a la perfección porque el festival fluye a velocidad de crucero mientras yo buscaba el dinero. Es de lo que estoy más orgulloso. Cogí un festival muy marcado por la personalidad de Fernando Lara. Yo tengo un perfil diferente, pero mi gestión ha consistido en volver a motivar a un equipo que estaba muy desmoralizado. Y solo puedo hablar maravillas de las personas que me rodean en este trabajo. De hecho estoy feliz en Valladolid y en parte es gracia a mi equipo.
-¿Cuál es su asignatura pendiente?
-Conseguir que las empresas privadas se den cuenta de que es interesante apoyar al Festival. Que la cultura es tan interesante como el deporte. Las empresas patrocinan fenómenos puntuales, están con Nadal, con Alonso, pero como decía Bigas Luna, cuando acabe la crisis el mundo estará deprimido y habrá que recurrir a la cultura para levantarlo. Y al final finanaciar la cultura es barato.






