Remate a toda velocidad

30/10/2011
ANTONIO CORBILLÓN
Maribel VerdúY la Seminci cambió de piñón. El festival entrega casi tantos premios como los Goya (cerca de treinta) y sus gestores llevaban años aguantando el soniquete de que se hacía larga, pesada y plana. La fórmula ensayada ha sido la entrega por bloques. En cada sección subían todos juntos y solo el ganador del premio principal de cada uno se hacía acreedor al uso de la palabra (incluso el resto llegaban ya con su galardón de la mano).
Sin actuaciones, sin números musicales o diálogos para hacer de 'cortinillas' de transición, las conductoras Mara Torres y Ledicia Sola llevaron el timón a velocidad celérica. Apenas 75 minutos. Sin alardes en el escenario, el color estuvo en el patio de butacas. El largo puente de Todos los Santos ha hecho la pascua a una gala en la que la nula presencia de responsables institucionales fue sustituida por público general vestido de convencional tarde de sábado. Nada de esmóquin. Algo tuvo que ver el que la gala comenzara 15 minutos tarde para rellenar los amplios espacios libres de su patio de butacas.
El comienzo permitió ver unas imágenes retrospectivas de su 'gemela', la fiesta de inauguración. Parece que fue ayer y han pasado más de 150 películas por medio porque esa debería ser la unidad de medida del tiempo en esta semana tan especial para la ciudad. Antes del paseíllo hubo tiempo para recordar a Luis Puerta, aquel joven que se presentó en el despacho de Antolín de Santiago para proponerle hacer algo y germinó este evento. El festival tuvo la involuntaria coherencia de celebrarse la semana de su fallecimiento. La llamada Banda de la Seminci se encargó de marcar algún tipo de transición en el trasiego por el siempre austero escenario con sonidos reconocibles: de Police a Pink Floyd, pasando por Deep Purple.
Para el recuerdo
En la retina de los espectadores quedarán seguramente no más de tres momentos. La chistosa recogida del premio a su actor a cargo de Ken Scott (Patrick Huard, por 'Starbuck'). También la doble irrupción de Ariane Ascaride para recoger el premio del Público que entrega El Norte de Castilla y la Espiga de Plata. Soltó una perorata propia del cine de su marido, Robert Guédiguian: «Seremos más fuertes si nos dejamos de individualismos».
Capítulo aparte y salvador de esta diluida gala fue la irrupción de Maribel Verdú para recoger su Espiga de Honor. Con dos padrinos de lujo como Montxo Armendáriz e Imanol Arias, la actriz se presentó embutida en un ceñido vestido negro. Ya dijo Imanol que ella es «la transmisión emocional con el cuerpo a través de la cámara». Con la misma pasión y corazón que le pone a todo y, a pesar de reconocer que no domina «el arte de agradecer premios», regó los oídos de los gestores de la Seminci con un «es uno de los festivales más prestigiosos de Europa». Desde luego, no por el partido que le saca a sus galas.